martes, 26 de enero de 2016

EL DUEÑO DE MI CUERPO

Hacía muchísimo tiempo que no escribía. Pues bien. Vuelvo con un relato breve, erótico. Muy explícito. Mucha gente lo calificaría de pornográfico. Las imágenes sí lo son. Lo advierto. Deseo que lo disfrutéis.

EL DUEÑO DE MI CUERPO

Entro desnuda en mi cama. Necesito sentir en mi piel el contacto de tus manos. Sigilosamente te introduces bajo las sábanas y me tocas. Suspiro…
Acaricias mi cuello, haciendo descender tu mano muy despacio, entreteniéndote en mi clavícula, llegando al hombro y allí te paras. ¿Descenderás por mi brazo, lentamente? ¿O volverás de nuevo hasta mi ansioso cuello?
Yo te mostraré el camino: me tumbo boca abajo. Adoro cuando tú me tocas y yo me dejo querer… Procedes a recorrer mi brazo, hasta llegar a la mano. Despacio, vuelves a subir. Tus dedos llegan a mi hombro y ahora bajan por mi espalda. Toman el camino más sencillo, siguiendo mi columna vertebral. Te entretienes en cada vértebra, alargando cruelmente las caricias, haciéndome desearte más y más… Me arqueo como una gatita, incluso ronroneo. Mis jadeos te piden que aumentes el roce, o el ritmo, o la presión. Te piden más. Más “lo que sea”, pero más. Y entonces, la columna se termina…
Tus dedos se paran justo en ese punto en que comienza la separación de mis nalgas. Te miro, me sonríes, arqueando tus cejas. No te mueves. Nada, ni un milímetro. Engañas a mi piel para aumentar la incertidumbre: ¿Seguirás descendiendo, introduciéndote entre mis cachetes, queriendo llegar a ese lugar oculto, que tanto placer nos causa? ¿O preferirás amasar mis nalgas, acariciarlas, apretarlas, separarlas y hacer que mis jadeos tornen en gemidos?
Acercas todo tu cuerpo, enredando tus piernas con las mías. Tu boca, en el hueco de mi cuello, muy cerca de mi oído. Suavemente, comienzas a susurrar lo que me vas a hacer. Sabes que me enciende mucho más cuando me adelantas lo que vendrá. Aunque más tarde te salgas del guión. Consigues hacerme entrar en combustión.
—¿Me deseas bastante o aún no? ¿Necesitas oírme pronunciar esas palabras que prenden tu deseo? Voy a penetrarte, amor.
Mi cuerpo vuelve a arquearse y suspiro profundamente. Continúas:
—Te poseeré. Tendré tu cuerpo y también tu mente. Te gozaré. Reclamo tu sexo porque es mío. Me pertenece. Es mi lugar, mi morada.
—¡Sí, por favor! —suplico.
Al fin se mueven tus manos. ¡Pero se separan de mi piel! ¿Dónde van? ¿Por qué me desnudas así de tu tacto? ¡Tengo frío, vida mía! ¡Te necesito! ¡Te deseo!
¡Un momento! Mi desesperación se voltea. Se va. No debo dejarme atrapar por ella. Yo domino. No te pido. Mis labios se han sellado. He aprendido a no decir nada que no desees oír. Seguro que sabes lo que haces. Siempre lo haces.
Ahí está: me das la vuelta. Te miro y me sonríes. Buscas mi miedo, pero ya no está. Tus caricias ahora serán de mi estómago. Tus labios, imán para mis pechos. Tu lengua, capricho de mi ombligo. Tus manos, disfrute de mi tripota. Y tus dedos… ¡Ay, tus dedos!..., poderosa atracción de mi entrepierna, húmeda, caliente, depilada y deseosa.
Ahora quiero devolverte todo y más. Te amo, te deseo, te necesito…
Me pongo a cuatro patitas, muy juntita a ti. Me muestras tu miembro erecto. Fíjate cómo me mira, cuánto me desea.  Me lo acercas a la boca. Muero por saborearlo. Deseo paladearlo. Lo chupo y hasta lo beso. Introduces tus dedos en mi cabello, acariciando y rascando mi cuero cabelludo. Tu gatita ronronea al ritmo de tus gemidos.
Mi lengua lame lenta tu bálano brillante. Mis dientes acarician esa piel tan suave. Siento un placer tan inmenso… Y tú sigues prometiendo, explicando y proponiendo, entre gritos y jadeos, tus deseos locos de poseerme, como antes ya fui tuya, como ahora eres mío.
—¿Eres mía? —me preguntas.
—Tú lo sabes —te respondo.
—Quiero oírtelo decir—me pides.
—¡Soy tuya, cielo! —te complazco.
—Eres mía. Sólo mía. Siempre mía. Y yo soy tuyo. Me posees, me tienes…
—Dime que deseas penetrarme, dímelo, mi vida.
—Deseo penetrarte. Desde el primer día. Quiero hacer que me supliques, que me pidas más y más. ¡Cabálgame, mi amazona! Haz que parezca que eres tú quien domina.
Y yo obedezco. Porque es evidente. Todos sabemos que tú eres el dueño de mi cuerpo y de mi alma. Gritamos en el momento de sentarme, de clavarte en mí. Y te siento en mis entrañas. Y notas las paredes de mi interior, comprimiendo tu pene, queriendo hacerlo uno con mi sexo, procurando que queden pegados, soldados a fuego.
Pero ansío moverme. No puedo quedarme quieta y comienzo mi cabalgada. Tu boca atrapa mi pezón y chupa, lame, muerde. Tus manos en mis caderas, ayudándome con mi particular galope. Y me levanto, provocando que salgas hasta casi la punta. Y me mantengo en tensión, dejándome caer de golpe. Y volvemos a gemir a la vez. Poco a poco aumento el ritmo, pues no soporto la espera. Quiero derramarme y lo quiero ya.
Después de tan loco baile, de sentirnos libres y dementes, nos corremos, el uno en el otro, nos damos totalmente. Me dejo caer sobre ti. Tus caricias en mi cabeza y en mi espalda. Las mías en tu pecho. Beso tus pezones. Juego con tus pelillos.
Unos minutos de reposo y ya listos para la siguiente batalla. Queremos más y lo queremos ahora. Y no te haces esperar. Te has levantado y ahora vienes hacia mí desde mis pies; con esa mirada de pillo, que me incita a temerte, te acercas como un felino. Gateas, sonríes y ruges suavemente. Yo me río. Cosquillas. ¡Nooooo, no lo soportoooo!
Me sujetas de las manos y te acercas a mi ombligo. Directo a él, a lamerlo, a besarlo. Sabes que no puedo aguantarlo, aunque quisiera, siento cosquillas o no sé qué… Me revuelvo, me río a carcajadas, pataleo y me suelto de ti. Pero esta batalla la ganarás tú, o sea yo. Porque eres más fuerte, porque tengo el control. De modo que me “fuerzas” a hacer exactamente lo que deseo. Éste es nuestro juego y ambos sabemos lo que significa. Si me río, diciendo “nooo”, tú sabes que quiero decir “Sí, por favor, sigue”. De modo que me colocas a cuatro patas, como una perrita, como una gatita…
—¿Estás bastante mojada, mi perrita? —me susurras.
—No sé, amor. Mira a ver… —te tiento a que me toques.
Me tocas. Estoy empapada. Ambos jadeamos.
—Te voy a meter de todo, menos miedo, zorrita.
—Sí, sí, sí —le digo poniéndole morritos como si fuera a besarle...
Y así lo hace. Se introduce en mi interior, de un solo empellón. Grito. Me encanta y él lo sabe. Se queda un par de segundos dentro, muy dentro. Entonces comienza a moverse, sólo un poco, como en círculos… ¡Ahhhhh, es increíble! Ahora sale de mí. Sale. Sale. Sigue saliendo. No quiero que salga del todo y lo miro, con mi gesto de indefensión. Pero él sonríe. Cuando está totalmente fuera, pero sin perder el contacto, comienza de nuevo el viaje de ida. Lento. Desesperadamente lento. Hasta que acaba. Hasta el final. Y vuelve a permanecer dentro, al fondo.
Estos movimientos y juegos duran un rato. Adora mis respuestas, mis gemidos o jadeos, mis pedidos de “más”, mis órdenes de “sigue”… Es fantástico y maravilloso… Entonces impone un nuevo ritmo. Su cadera marca el tempo y sus manos se anclan en mis nalgas. Las agarran, clavan sus dedos, las separan, tocan lugares prohibidos, las unen, las azotan suave y dulcemente… Y yo sigo respondiendo. Él lo quiere, lo necesita.
Después del magnífico concierto de gemidos y jadeos, de las palabras soeces y grititos, del perfecto baile de cuerpos que se encuentran, que se chocan, que batallan… Finalmente ralentiza el acto. Ese último compás, por ambos conocido y esperado, no es menos anhelado y deseado. Su verga dentro de mi coño y sus manos apretando mis tetas. Le miro, cual vídeo porno. Se corre en mi interior a la vez que un maravilloso estallido se produce en mi vagina. Toma doble camino: un relámpago sube por mi columna, estallando dulcemente en cada vértebra. El otro, baja y sale al exterior, explotando en mi clítoris y absorbiendo toda la energía de mi cuerpo.
Me caigo en la cama. Y él sobre mí. Se acomoda a mi lado. Nos tumbamos “en cucharita”. Me relajo, me acaricia, sonrío, me duermo… Nos tapa. Siempre tan pendiente… Tratándome como a su princesa… Dándome siempre lo que sabe que necesito: el placer perfecto para satisfacerme, el amor inmenso para protegerme,… Puta y dama, amante y amada, perrita y mujer,… Su mujer. Y él, mi dueño.

martes, 12 de enero de 2016

PÚNICA

Reseña publicada en el blog EL ESCRITORIO DEL BÚHO

Detalles del producto:

·       Formato: Versión Kindle
·       Tamaño del archivo: 1481 KB
·       Longitud de impresión: 398
·       Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
·       Idioma: Español
·       ASIN: B01A1IWVT8

SINOPSIS DEL AUTOR:

Mar Yam Sursar vive una vida feliz, integrada en las costumbres de Gades, colonia romana en Hispania a la que su familia emigró en busca de la prosperidad. 
Su vida experimentará un giro brusco hasta quedar casi exenta de ilusión y saturada de un odio hacia una Roma que no es capaz de percibir su declive republicano. 
La aparición del más intrépido y leal de los centuriones al servicio de Iulius Caesar obligará a la bella mujer a cuestionar buena parte de sus costumbres y creencias. 
El contraste entre la belleza y la rebeldía de la joven africana hará que se tambaleen los cimientos sobre los que Marcus Iunius Atellus, primus pilus del ejército romano, sustentó una vida carente de ilusión. Una existencia entregada a un sueño demasiado volátil llamado Roma.

BIOGRAFÍA DE ALEX GARCÍA:

            Nacido en Cádiz el 3 de enero de 1972, Alex García no pensó jamás en escribir hasta mayo de 2013, momento desde el que ya ha publicado 6 libros. Alex no nació con vocación. Simplemente, un día se propuso escribir un libro en mitad de una charla y lo hizo. Casado y con un hijo, prefiere separar su vida personal de su ocupación como escritor. Incluso su imagen no fue pública hasta la salida al mercado de su tercer libro.
            «Maldito romance» fue el primero en publicarse. Tuvo excelentes resultados de ventas, pese a tratarse de una auto-publicación. Una historia de amor diferente, cuya salida de lo convencional fue posiblemente lo que atrapó desde la primera página a todos sus lectores.
            «Los relatos de Alex y su Tropa» fue el segundo libro publicado, para el cual contó con la colaboración de algunas de sus lectoras, que también se animaron a escribir en el libro. Los beneficios de dicho libro se destinaron a fines benéficos. Entre sus páginas hay diferentes relatos, la mayoría de género erótico-romántico.
             «Amor bajo sospecha» se trata del primer libro publicado bajo un sello editorial. Se sale algo de la línea trazada por el autor, aunque mantiene su estilo personal de escribir novela Romántica de manera diferente a lo que las lectoras están acostumbradas a leer. Algo corto y muy intenso.
            «Maldita alianza» es un libro en el que Alex puso especial empeño para que superase al que inició la historia. Lo consiguió con creces. Se trata de la continuación y desenlace de Maldito romance.
            «Offside – En fuera de juego» fue un libro corto que consiguió enganchar a muchas lectoras por ser quizás el más convencional escrito hasta la fecha.
              «La esencia» era el último trabajo autopublicado hasta 2016. Estuvo mucho tiempo entre los 10 ebooks Románticos más vendidos de Amazon.es. Historia novedosa con una trama que seduce desde el inicio.
   «La renovación» otro libro corto, publicado con el mismo sello editorial que los anteriores.
 «Púnica»: novela de ficción, histórica, de acción, romántica, con tintes eróticos, autopublicada el 1 de enero de 2016.

Perfil de Facebook; Alex García 
Grupo de Facebook: La tropa de Alex García
Perfil de Twitter: Alex García
Blog (Semi-abandonado por falta de tiempo)

MI RESEÑA:
Opinar sobre esta novela es algo muy especial para mí. He de decir que no me gustaba la historia. Durante mi época de estudiante, era un tostón para mí. No conseguía verlo como algo maravilloso, que nos contaba nuestro pasado, los motivos de nuestro presente, historias preciosas de personas increíbles,… Eso lo descubrí mucho tiempo después. Hace años leí algo de novela histórica y… como diría mi hija, “¡Sin más!”. Cuando supe que la novela de Alex era histórica, me llevé algo así como un disgustillo.
Leer Púnica ha sido por una parte una forma de aprender sobre los últimos años de la República, tiempo que desconocía casi por completo. Además, conocer la Roma y la Gades de aquella época ha hecho que me llegue más dentro. Incluso he leído sobre cómo fue también la dominación romana en nuestra tierra del norte… Tengo que decir que la documentación de este libro es impresionante. Me constaba que Alex se había empapado, pero al leerlo, he podido aprender un montón de cosas, datos, fechas, personas, costumbres,…
En cuanto a novela romántica, es una de las más bonitas historias que he leído. También muy dura, pues la historia de Mar Yam Sursar es impresionante. He reído, llorado, hablado con los personajes, los he reñido, los he animado y me he emocionado con alguna referencia a otra novela anterior (que para mí era la mejor… hasta ésta). Por supuesto, en cuanto al estilo y la forma de escribir, es muy buena. Ya he dicho anteriormente cuánto me ha ido gustando la evolución de este escritor; me reafirmo en ello: su última novela, la mejor.
Y, por si no lo sabéis, hay una sorpresa increíble de Feli Ramos (fantástica escritora) que no te puedes perder.

Recomiendo esta novela a todos los amantes de la historia, de las novelas de acción, de la romántica, por supuesto a todos los lectores de Alex y, en general, a todos los lectores de literatura en castellano.